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ARQUITECTURA | EL UMBRÁCULO

A finales del s. XIX, en sustitución del primer umbráculo de madera, el nuevo director Eduardo Boscá planteó la edificación del que hoy conocemos como el Umbráculo. El arquitecto madrileño Arturo Mélida y Alinari fue el encargado del proyecto. Entre sus trabajos más destacados encontramos la restauración del claustro de San Juan de los Reyes de Toledo y el palacio de Liniers de Burgos.

La instalación ocupaba 560 m2, con una cubierta semicilíndrica de metal apoyada en gruesas pilastras de ladrillo cara vista. Tenía 12 m de altitud en el centro y los arcos de luz de 24 m no tenían ningún apoyo. Para hacer sombra, sobre la estructura se disponía de un sistema de velas de regulación manual.

En 1987 el umbráculo se encontraba muy deteriorado. Las pilastras de ladrillo estaban agrietadas, se instalaron árboles y arbustos, y la cubierta de ramas de brezo, que sustituyó las velas, se echó a perder en un incendio. En la restauración se respetó el diseño original, si bien se introdujeron algunos cambios, entre otros: no se utilizaron materiales vegetales y los adornos se hicieron con hierro colado, en lugar de zinc repujado. También se recuperó la balsa central utilizada para el riego y eliminada en la reforma de 1966.