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LA INVESTIGACIÓN
Los jardines botánicos desde sus orígenes se orientaron al estudio de las plantas con fines académicos o científicos. Su punto de arranque como espacios dedicados a la investigación botánica hay que buscarlo en los antiguos huertos de simples de la Italia renacentista que eran espacios sencillos, anejos a las Facultades o Escuelas de Medicina, donde se cultivaban plantas medicinales. El concepto moderno de jardín botánico llegó en el siglo XVIII, durante el periodo ilustrado, cuando los antiguos huertos se convirtieron en centros de estudio de la diversidad de las plantas. Ello influyó en el avance de las clasificaciones botánicas y las propuestas de ordenación de la diversidad natural. Los trabajos de investigación que Linneo desarrolló en el jardín botánico de Upsala dieron como fruto su ordenación de las plantas según el método sexual y la propuesta de nomenclatura binominal, recogida en Species Plantarum en 1753, punto de partida de la botánica moderna.
Por otro lado, el auge de las expediciones científicas apoyadas por las potencias coloniales de la época, sobre todo España, Inglaterra y Holanda, amplió la visión de la diversidad de la Naturaleza en el mundo, lo que estimuló el interés por mostrar la riqueza de la flora de los territorios más alejados de la metrópoli. Ello animó a la creación de nuevos jardines o a la adaptación de los ya existentes para poder cultivar en las especies que llegaban de ultramar, fruto de las recolecciones de los botánicos que formaban parte de las expediciones. Como consecuencia de ello surgieron los llamados jardines de aclimatación y los orientados al cultivo de plantas de interés económico, lo que generó un intercambio de material vegetal entre las distintas partes del mundo.
Actualmente los jardines botánicos se han convertido en centros de investigación, algunos de ellos continuadores de otros que ya iniciaron estas actividades en el pasado siglo XIX y cuyo origen hay que buscarlo en el siglo XVIII. El cambio de orientación que experimentaron los jardines botánicos hizo que se dotasen de infraestructuras necesarias para los nuevos objetivos de investigación tales como herbarios, laboratorios y bibliotecas. Con ello, y durante un tiempo, sus plantaciones se convirtieron en colecciones de plantas exóticas y los jardines botánicos pasaron a funcionar más como parques públicos, con plantas etiquetadas, que como espacios dedicados a la ciencia. En la actualidad se ha llegado ha un punto de equilibrio entre investigación y exhibición, de tal manera que ambas actividades se complementan y llegan a ser inseparables. Muchas de las plantas que se cultivan forman parte de los programas de investigación que se desarrollan. Los jardines botánicos están actualmente especializados en el entorno en el que se ubican y dedican sus investigaciones al conocimiento de su flora y de su vegetación, dedicando una especial atención a los temas de conservación. Con ello cumplen también una de sus principales funciones recogidas en la Estrategia Mundial para la Conservación de la Diversidad Biológica.
El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia ha seguido desde sus orígenes (1567) la misma trayectoria que el resto de los jardines botánicos de su época. De un huerto de simples se ha convertido en la actualidad un moderno centro de investigación, integrado en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universidad de Valencia, en el que bajo el gran objetivo de biología de la conservación se desarrollan proyectos sobre taxonomía, tanto clásica como molecular, anatomía e histología, fitosociología y conservación de especies endémicas, raras y amenazadas del Mediterráneo occidental.
La taxonomía representa una de las líneas fundamentales del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia. La investigación en este campo se orienta al estudio de la variabilidad las plantas críticas, no sólo de la flora valenciana sino también del conjunto iberolevantino, islas tirrénicas y norte de África. Las técnicas aplicadas en este campo van desde las clásicas de la biosistemática macroscópica, con estudio de los caracteres morfológicos, es decir, forma y dimensiones de las diversas partes de la planta (hojas, flores, frutos, semillas), a las microscópicas tales como el estudio de la ornamentación de los granos de polen, las características de los tricomas o pelos, la forma y características de la cubierta de las semillas, etc. Por otro lado la investigación sobre caracteres anatómicos, principalmente estructuras de hojas, tallos y raíces, estomas y estructuras florales, representa un importante apoyo a la taxonomía y permite adentrarse en el conocimiento de las adaptaciones de los vegetales al medio. Diversos grupos de helechos (pteridófitos), principalmente Equisetum, así como cistáceas de los géneros Fumana y Cistus, ramnáceas como la sección Alaternus de Rhamnus y escrofulariáceas de la tribu Antirrhineae (Antirrhinum, Linaria, Chaenorhinum, Cymbalaria) son algunos de los grupos de plantas cuyo estudio se realiza con estas técnicas de investigación.
Recientemente los estudios de taxonomía se han completado con la incorporación de las líneas de genética y biología molecular. Para ello el Jardín Botánico dispone de un moderno laboratorio e instalaciones anejas para poder llevar cabo tales investigaciones. En este sentido los caracteres citológicos (número y morfología de los cromosomas) se han revelado como muy valiosos para establecer algunos aspectos evolutivos de las plantas, así como la interpretación de algunas características morfológicas y establecer delimitaciones entre diferentes niveles taxonómicos. En el Jardín Botánico se han abordado estas investigaciones en plantas como Leucojum valentinum y Salvia pratensis, los primeros realizados con material español. Otros plantas estudiadas han sido diferentes especies de los géneros Teucrium, Sideritis, Thymus, Salvia, Fumana, Erodium, Cistus, etc. En este campo se colabora con el Jardín Botánico de Cagliari (Cerdeña), para el análisis de los números cromosomaticos de la flora endémica sarda.
De gran importancia en la actualidad son las investigaciones que se llevan a cabo sobre biología reproductiva y el empleo de marcadores moleculares a nivel de ADN. El interés de esta investigación cubre diferentes campos científicos, tales como el establecimiento de relaciones de parentesco y rutas migratorias, caracterización de áreas, resolución de problemas de vicarianzas e identificación de áreas de colonización en territorios insulares y de montaña. Desde el punto de vista molecular se estudian algunas especies endémicas como Cistus carthaginensis, Hippocrepis valentina, así como las diferentes saladillas (Limonium) en el ámbito valenciano. En el marco de un proyecto de investigación se está llevando a cabo el estudio del romero (Rosmarinus), para abordar las relaciones taxonómicas, biogeográficas y ecológicas del grupo de plantas del Mediterráneo occidental (Rosmarinus officinalis, R. eryocalix, R. tomentosus y R. palaui).
Los investigadores del Jardín Botánico colaboran con otros jardines y centros de investigación en diferentes proyectos sobre floras nacionales o regionales, destacando el de Flora iberica, coordinado por el Real Jardín Botánico de Madrid. Se ha participado en la revisión de los géneros Fumana, Sempervivum, Cyclamen y Mercurialis, y actualmente se trabaja en diversos géneros de las familias escrofulariáceas y umbelíferas.
Otro de los campos en los que se realiza una activa investigación es en el estudio de la vegetación. En este sentido las investigaciones sobre la vegetación del Mediterráneo occidental, tanto peninsular como insular, han llevado a un profundo conocimiento de las comunidades vegetales de todo el territorio valenciano, tanto de las climatófilas como de las edafófilas. Las investigaciones sobre vegetación abarcan también su dinamismo, distribución y cartografía. La metodología aplicada es la fitosocilógica de Braün-Blanquet ya que se ha revelado como la más adecuada. Toma como base los estudios florísticos y sus relaciones con el medio, estableciendo relaciones biogeográficas y bioclimáticas. La incorporación de la información molecular a los estudios biogeográficos está aportando datos de gran importancia para interpretar la distribución de algunas comunidades, así como las relaciones entre áreas alejadas. La cartografía de la vegetación a diferentes escalas se realiza, no sólo para el conocimiento de la distribución de las comunidades en el territorio, sino también para planes territoriales de ordenación y conservación de espacios.
Aparte de las investigaciones en los territorios europeos, actualmente se está estudiando la vegetación del Sahara occidental y de Venezuela. En el caso del Sahara, además de los estudios florísticos y vegetacionales, se está llevando a cabo un estudio etnobotánico sobre la flora saharaui, de gran interés para la conservación y recuperación de un patrimonio cultural en peligro. En Venezuela se trabaja en dos territorios distintos. Por un lado, en los Andes de Mérida se estudian las comunidades del páramo para el establecimiento de los pisos bioclimáticos venezolanos, así como para el conocimiento e interpretación de los diferentes macro y microgeosigmeta de las cumbres andinas, muy ricas en endemismos y muy amenazadas. Otro de los escenarios de la investigación en Venezuela es la cuenca del río Orinoco donde se participa en un proyecto de investigación sobre plantas con posible acción terapéutica. Estos proyectos se llevan a cabo en colaboración con la Universidad de los Andes (ULA), concretamente con la Facultad de Farmacia.
Desde que en el año 1985 se reunieron en Las Palmas, en la conferencia sobre la estrategia global para la conservación, 175 botánicos profesionales y directores de jardines botánicos de más de 39 países, estas instituciones se integraron en la red de centros con responsabilidad en la conservación. De esta manera se convirtieron en garantes de la conservación de la flora rara endémica o amenazada de los territorios donde se ubican, aunque amplían su área de acción a otros territorios, bien de influencia geográfica o en aquellos en los que por su interés exista una relación de colaboración con otros jardines botánicos o centros de investigación botánica. El Jardín Botánico de la Universidad desde hace dos décadas está trabajando en la conservación de flora, aunque esta actividad se ha desarrollado de manera más intensa en los últimos años al disponer de infraestructuras adecuadas para ello. El Jardín realiza la conservación ex situ, principalmente a través de su banco de semillas, no sólo de la flora valenciana sino también de otros enclaves del territorio nacional y del Mediterráneo occidental, como Cerdeña, Sicilia y el norte de África.
En cuanto la conservación in situ, aparte de la colaboración con la Conselleria de Medio Ambiente en los programas de microreservas de flora y conservación de poblaciones de plantas endémicas, el Jardín Botánico tiene suscritos convenios de colaboración con algunas fundaciones privadas como la Fundación Enrique Montoliu, para el estudio de un espacio natural situado en el conocido Mas del Peraire, propiedad de la Fundación. Este espacio ubicado en Fredes, al norte de Castellón, representa un enclave único debido al buen estado de conservación que presentan en él la flora y la vegetación. La situación y las condiciones orográficas y climáticas del Mas del Peraire lo convierten, además, en un lugar óptimo para estudios migratorios y poblacionales de la vegetación mediterránea.
El Jardín Botánico ha participado en el proyecto de cartografía de hábitats a conservar dentro del programa europeo Natura 2000 para establecer una red de espacios protegidos. Actualmente participa, como continuación del anterior, en el proyecto Atlas de los hábitats naturales y seminaturales de España que, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, coordina la Universidad de León. En este proyecto el Jardín Botánico tiene la responsabilidad de la cartografía de los hábitats de las comunidades autónomas de Valencia, Murcia y Aragón.
Igualmente participa en el proyecto Atlas de Flora Amenazada de España, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, que se desarrollará entre el año 2000 y 2003. El Jardín Botánico coordina los trabajos de todos los equipos de investigación del área mediterránea: Cataluña, Baleares y Valencia.
Las expediciones científicas forman parte de la investigación botánica, tanto en el campo de la flora como de la vegetación. En este sentido el personal del Jardín Botánico, aparte de las expediciones botánicas en el ámbito ibérico y europeo, como parte de los diferentes proyectos de investigación, realiza campañas de campo en Marruecos, Mauritania, Níger, Estados Unidos y Venezuela, entre otros países.
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