
Un herbario es una colección de plantas secas debidamente preparadas para garantizar su conservación de manera indefinida. La idea de la conservación de las plantas secas para estudio surgió en el siglo XVI y a Lucca Ghini (1519-1556) se le considera el fundador del primer herbario con finalidad de científica. Sobre el herbario se apoya una parte muy importante de la investigación botánica, sobre todo en taxonomía, aunque también es útil para estudios florísticos, biogeográficos e incluso moleculares. El herbario es testimonio de las citas de plantas, de las descripciones y de los materiales utilizados para proponerlas. El tipo de una planta (el material sobre el que se basa un nombre nuevo) es, en la mayoría de los casos, una planta seca, depositada y conservada en un herbario público.
La confección del herbario se inicia en el campo, cuando el botánico selecciona una muestra de la planta en la que estén presentes los caracteres más representativos del individuo. El fragmento es prensado entre papel secante (con frecuencia periódicos) para desecarlo lo más rápidamente posible. Después se dispone en un pliego de papel, al que se añade la etiqueta con todos los datos tomados en el campo en el momento de la recolección (localidad, altitud, coordenadas geográficas, ecología, fecha y nombre del recolector). Finalmente se traslada al depósito donde se ubica en el lugar que le corresponde, y queda a disposición de los investigadores.
El herbario de la Universidad de Valencia, depositado en el Jardín Botánico, tiene su origen en las recolecciones de Vicente Alfonso Lorente, que fue director del Jardín Botánico entre 1805 y 1813, y que antes había sido corresponsal del Real Jardín Botánico de Madrid. Aquel herbario estaba formado principalmente por plantas silvestres, aunque Lorente preparó también pliegos de las cultivadas en el Jardín.
Pero el verdadero impulsor del herbario fue José Pizcueta, que dirigió el Jardín durante gran parte del siglo XIX. En este tiempo el herbario fue creciendo con las recolecciones propias y con el intercambio con otras instituciones de la época, muy intenso en aquellos momentos. Pizcueta tuvo, además, especial empeño en que en el herbario estuvieran recogidas las plantas cultivadas en el Jardín.
El herbario se conservó en las dependencias del Botánico hasta que fue trasladado, a principios del siglo XX, al Gabinete de Historia Natural situado en el antiguo edificio de la Universidad, en la calle de La Nave. Allí se había trasladado unos años antes la docencia de la botánica, dejando de impartirse en el Jardín. Parece ser que tras la muerte de Pizcueta el crecimiento del herbario se redujo, seguramente como consecuencia de la falta de dedicación a la botánica de los catedráticos de Historia Natural que le sucedieron. En cualquier caso, en el incendio de la Universidad ocurrido el 12 de mayo de 1932 el herbario histórico de la Universidad de Valencia quedó destruido. Este incendio fue desastroso para la Universidad y, muy especialmente, para la botánica.
Posteriormente, Francisco Beltrán, catedrático de Historia Natural y director de Jardín, botánico de formación y estudioso de la flora de Castellón, inició las recolecciones y los intercambios que le permitieron formar un nuevo herbario que siempre mantuvo lejos del Jardín, en la Facultad de Ciencias. A finales de los años sesenta este herbario fue trasladado a la recién creada Facultad de Ciencias Biológicas y quedó depositado en el Departamento de Zoología, del que era catedrático Ignacio Docavo, a la sazón director de Jardín Botánico. En su nueva y singular ubicación el herbario dejó de incrementarse y cesaron los intercambios.
A principios de los años ochenta en el Jardín Botánico se inició de nuevo la recolección de plantas para la formación de un herbario. Como en los tiempos de Pizcueta, las primeras plantas en incorporarse al incipiente herbario fueron las que se cultivaban en el Jardín, pero de inmediato comenzaron las campañas de recolección en el medio natural. Progresivamente las recolecciones de material silvestre se consolidaron, se recuperaron los intercambios con otras instituciones de la región mediterránea, y se entró a formar parte de la Société pour lÉchange des Plantes Vasculaires de lEurope et du Bassin Méditerranéen. Las expediciones botánicas, inicialmente centradas en el ámbito valenciano, buscaron nuevos objetivos y se extendieron hasta el norte de África y las islas del Mediterráneo. Además el herbario fue enriquecido con la incorporación de los herbarios personales de Vicente Guillem, Aurelio Gamir y José Borja. Los dos primeros son de finales del siglo XIX y además de las recolecciones propias, en ellos se conservan plantas de Pau, Sennen y Font Quer, botánicos españoles muy destacados con los que Guillem y Gamir mantuvieron intercambio de plantas. El herbario de Borja está formado principalmente por materiales anotados del género Sideritis, al que este botánico valenciano dedicó gran parte de sus investigaciones, y constituye un material de necesaria referencia para cualquier estudio sobre este complejo género de labiadas.
Actualmente el herbario de la Universidad de Valencia está formado por la unión de los herbarios de Biológicas, Farmacia y el propio del Jardín. Tras la restauración del Jardín y la construcción de su edificio de investigación, la Universidad, con buen criterio, dispuso la formación de un solo herbario que quedó depositado en el Botánico.
El herbario ocupa unas instalaciones adecuadas que garantizan su conservación y facilitan su consulta a investigadores de todo el mundo. Los pliegos se guardan en armarios compactos con capacidad para unos 350.000 especimenes, está dotado de un laboratorio para montar el material y una sala para consulta y estudio. Al reunirse los herbarios se ha creado uno de los más importantes de España, con más de 200.000 pliegos, en el que las particularidades de cada uno de los herbarios originales son complementarias y enriquecedoras. El nuevo herbario contiene una buena representación de la flora de la mitad oriental de la península Ibérica, especialmente del territorio valenciano y del Sistema Ibérico, y se convierte en un referente obligado para cualquier estudio de la flora del Mediterráneo occidental.
En su nueva etapa el herbario de Valencia ha asumido todos los compromisos de intercambio de plantas que tenía cada uno de los herbarios y ha aumentado sus relaciones, especialmente con los centros de investigación de europeos. Además, por su vocación mediterránea, ha concentrado sus campañas de recolección en territorios con relaciones florísticas con la península Ibérica, de forma singular en las islas del mediterráneo occidental y el norte de África. Mantiene el préstamo de material para estudio y se ha convertido en herbario básico del proyecto Flora iberica. Sin embargo, el objetivo inmediato lo constituye la finalización del fichado de todo el material para poder ofrecer la consulta de los fondos del herbario a través de Internet.